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MONSEÑOR MARTIN PEREZ
MQHTÍYIDEÜrDE PARTAN ENTQ3 Ips fej j
Un mes $ \,o*
S eis meses .... n ¿01
Un ano .. n 5,o
exterior
¿os mismos prec/o s t en moneda equino
¡ente,con e¡aumento de/Franqueo.
líú mero comen \t 3 0 cen íesi mot -i- H ú mero a fr¿ s a da 60 ocutísi mas
DEVENIA EN LAS PRINCIPALES LIBRERIAS
405 &QMPGQS *
OFICINA: Galle Andes 275ialtosí
MONTEVIDEO
- '-v-'v. lís^ré^rsi-WíTl
Hay que decir en su honor
que el liberal mas arisco
para los curas, lector,
se inclina ante el fundador
del templo de San Francisco.
IMP. L1T. LA RAZON, CALLE CERRO N.° 93 A 97
© Biblioteca Nacional de España
246
CARAS Y CARETAS
«HIMARIO
Texto— por Eustaquio PeU1 cer—^Polémica^
por Uno—«Un apellido fatal*, por k, «Seguí-
diHaa», por A. Varal—«Era Hato*, por M. de Moya
—«Loa dos amigos*, por R* Torromé—«Lo que
me gusta mas», por Asonipe-*Para ellas*, por
Madama Polísaun—«Curioseando*, por Motta—
Menudeadas — Correspondencia particular—Aví¬
eos.
Orad a dos- Worr señor Martín Peres—Club Tarasconen-
se (gran baile de trajes)—¡Qué verano!—Y varios,
intercalados en el texto y aviaos, por Schütz*
Terminado el carnaval, especie de
dono mundano, donde el pecador so
revuelca como chancho (¿qué tal la
frasee! lia?) hemos entrado en el pe¬
ríodo del arrepentimiento y de la re¬
flexión. y es forzoso que releguemos al ol¬
vido todo Jo que puede saturar de impurezas
nuestra alma, para pensar que tenemos un
Dios que juzga nuestras acciones y un Gobier¬
no que Jas tiene por el suelo en la cotización
de Ja Bolsa,
La Cuaresma con sus preparados de bacalao
y garbanzos en potaje nos purificará de toda
culpa, pues sabido es'que la vigilia es para el
alma lo que el aceite do castor para el cuerpo;
purga completamente do cualquier inmundicia
peca mi nosa.
Los que mas dosis de purgante espiritual
necesitan son esos jóvenes que se han lanzado
al camino de la perdición por medio del baile
con disfraz.
Hortera ha habido que bajo la humilde apa¬
riencia de espantajo, no hizo otra cosa que fle¬
char corazones en cuanta reunión familiar, con
aditamento de danza, pudo meter la cabeza (y
io^ piés, por supuesto) durante el Carnaval,
Lo que pasa es que las conquistas que se ha¬
cen con careta se malogran en cuanto esta de¬
saparece, porque es casi ley inmutable que
debajo do un buen disfraz se oculta siempre
un bagre de mayor cuantía.
¡Cuántas inocentes jóvenes habrán creido
estar en brazos do un Adóuis mistificado por
im dominó de seda con borlas do ore, ignorando
que bajo aquel exterior deslumbrante se ocul¬
taba un feo de nacimiento, con las manos cur¬
tidas do fregar loza ó de apisonar adoquines!
¡Y cuántos donceles incautos á la par que li¬
bertinos, habrán creido estrechar el talle de
una beldad incógnita, a] hacerlo con el de una
matrona respetable por sus años y abominable
por las imperfecciones de su físico!
Sabemos de un mozo imberbe, aunque no
implume, porque trabaja de escribiente en una
oficina pública, que ha estado á los bordes del
suicidio con ensañamiento á causa de una ter¬
rible equivocación que sufrió por fiarse de las
apariencias.
Llevado do sus impulsos amorosos dió en un
1 afile de trajes con la mascarita que mas atrac¬
tivos ofrecía á su eorázon impresionable, Era
una aldeana francesa con mezcla de chula suiza
y aunque una tupida camiseta y un antifaz de
espeso alambre, impedían apreciarla morbidez
de sus carnes, dejaba adivinar un cuerpo flexi¬
ble el poco espacio que ahorcaba el corpino y
el timbre de su voz una garganta de auge] y
un candor de doncella pudibunda.
Desde los primeros compases de la danza le
empezó á latir el corazón como queriendo salirse-
lodel pecho y caer en pedazos sobre la alfombra.
No tuvo más remedio que declararse aldeam
en cuerpo y alma, abdicando de la gerarquía
de mosquetero que había adquirido con el disfraz.
—Estoy dispuesto por ti, aldeana mía, á for¬
mal 1 parte del ganado que apacentes—la decía
en el paroxismo de su entusiasmo.
—Gracias, se limitó á decir la mascarita.
—Esas son las que tú debes atesorar hasta en
las uñas délos piés, encanto de mi alma.
—Muchas gracias.
—Mira, no consiento que me agradezcas lo
que no supone ni n g una ga la n ter i a de mi
parte. Todo eso y mucho más que te diga, son
justicias que hago k tus méritos.
—Gra...
—¿Seré tan feliz, aldeanita, que pueda ver
correspondido este amor que me devora por
dentro?
—Yo bien quisiera, pero.,,
—Pero qué, ¿acaso otro hombre dificulta tu
decisión para hacerme dichoso? fe?i tal supiera,
seria capaz do comérmele con ropa y todo. No
sabes lo que soy cuando se me hincha la vena
de 1 a desesperac ion.
—No es eso.*,, es que,...
—Explícate, por Dios ¡me consume la impa¬
ciencia por saber lo que so opone á mi felici-
lkiad!
—Mira, lian anunciado el intermedio de des¬
canso y todas las parejas se dirigen al come¬
dor. Vamos allí y después te explicaré...-
—Me lo explicarás, pero prometiéndome que
nada servirá de inconveniente i\ tus propósitos,
si como creo, son los de retribuir mi cariño con
otro igual.
—Vamos al comedor.
Quien observó á la amartelada pareja asegu¬
rar que ella dejó limpia una bandeja de
sandwichs y otra de pastas finas, moti vo por el
cual se quedaron la mitad de los invitados sin
probar más que el agua del algibe y algún re¬
siduo de cerveza escanciada para otros consu¬
midores.
Nuestra tenorio, sin embargo, ciego de amor,
no apreció este detalle más que como una exi¬
gencia corporal, independiente de toda la gran¬
deza que debían encerrar el aliña y el rostro de
aquella aldeana tentadora. Siguió expresándo-
] & con a rdo r s u s n i ás d el i caíI os se n t i m i en tos,
mientras ella engullía, sin trégua para balbu¬
cear una sola frase.
De nuevo en la sala, llegó el momento de que
la aldeana se explicase como habia prometido
hacerlo antes del descanso,
—Para hablar con mas tranquilidad, deja-
romes en blanco esta mazurca. — díjola el
mosquetero , mientras la conducía del brazo á
uno de ios balcones.
—La luna váá ser testigo, prenda adorada,
de todo lo que aquí nos vamos á prometer.
Vamos, empieza. Di me qué pero es aquel que
me ponías al pedirte retribución para mi ca¬
riño.
—Pues mire Y.,francamente,el pm'O es.,., que
no puede ser.
—¡Como! ¡acaso eres mujer de estado?
—No.
—Puos entonces^ ..
— Soy algo mas que eso.
—¿Mas que eso? Máscara, me confundes co¬
mo para hacerme perder la razón. Explícate
claro por lo que mas quieras.
—Lo haré, pero es preciso que salgamos de
esta casa.
—¿Te dejas acompañar por mí hasta la tuya?
—No tengo inconveniente.
—Pues en marcha ¡vaya al demonio el baile
por la ventura de estar á tu Jado y de descifrar
ese enigma que te envuelve,
—Ya estamos en Ja calle. ¿Qué dirección
quieres que tomemos, paloma mia?
—La de Ja Comisarla de esta sección, pero no
me llame V. paloma porque no tenfro nada de
eso. Ahora estamos solos y os preciso que sepa
usted quien soy. Ante todo suélteme usted el
brazo porque yo no necesito de estas comodi¬
dades para andar*
—Esa voz,..
—Sí, es Ja propia; de hombre; de lo que soy.
—¡¡¡Cómo! 1 .! ¡Tal burla!....
—No ha sido burla, señor, escúcheme usted;
Yo soy guardia-civil y como Y. Jiabrá oido,
estamos todos faltos de buena alimentación
desde hace una porción de meses. Hoy no me
habia desayunado y no sabiendo qué hacer
para no meterme en la cama con el estómago
vado, pedí á una vecina este traje para venir
al bailo. El criado de la casa con quien es¬
taba de acuerdo me ha facilitado Ja entrada y
Jo demás ya Jo sabe. He tenido que bailar con
usted, pero he logrado reponer mis fuerzas en
el comedor y asegurarlas por un par de di as,
por lo menos.
Dicho lo cual se ai-raneó el antifaz dejando
ver una cara enjuta, cubierta casi en toda su
extensión por una barba espesa y cerdosa co¬
mo un cepillo de lustrar botines.
Su galanteador cayó desplomado sobre el pa¬
vimento.
Ninguna novedad digna de mención ha ofre¬
cido el Carnaval de este año, á semejanza del
político, que ni aun la de nombrar Ministerio
nos ha presentado.
El aburrimiento se ba visto reflejar en to¬
dos los semblantes, ni mas ni menos que
si Alomo hubiera sido el ministro actúa] de
Hacienda, único que creíamos capaz de abur¬
rir á la gente.
De bromas ingeniosas tampoco se habla co¬
mo otros años.
Solo se tiene conocimiento de un par de ellas
dadas por la policía, machete en mano, al
publico, y de la que dió el Presidente al de¬
cir que asistiría á la apertura de Jas nuevas
Cámaras con secretarios nuevos ó cuando me¬
nos en buen uso.
Los juegos con agua, un poco atrevidos. El
pomo lo sustituyeron muchas personas por el
balde, creyéndose bomberos y tomando al tran¬
seúnte pacífico por una barraca incendiada.
Nada de alegorías políticas ni de otro orden.
Solo la Municipalidad presentó una, pero fue¬
ra de tiempo, por que lo hizo el miércoles de ce¬
niza. Quitó los arcos de gas quo se habían
puesto como alumbrado estraordinavio.
Esto es una alegoría de la miseria quo no se
habia visto otros años.
Las fiestas en los centres sociales, animadí¬
simas,
La celebrada en el Club Uruguay, sobre to¬
do, se recordará entre Jas mejores que registra
ese centro.
Solo tuyo una nota que discordó de las ale¬
gres.
La de un incidente personal que se produjo
entre dos sóctos, y qne parece dió motivo á una
proposición de duelo
Estamos á oscuras del desenlace que ha teni¬
do el asunto, lo cual no tiene nada de particu¬
lar, pues se trata de una cuestión surgida en
plena oscuridad. Parece que un miembro déla
Comisión Directiva, inspirándose en Jas mismas
economías que Ja Municipalidad, cerró ó man¬
dó cerrar el contador del gas, cuando aún que¬
daban dentro del edificio muchas personas po¬
co alie i o n ad as á cam i n a r con 1 aza ii fio.
Corramos un velo sobre todo lo mundano y
continuemos en la tarea de lavar y planchar
nuestra alma de las manchas del pecado, con
la meditación y la vigilia.
En cuanto á ésta, puede confiar la Iglesia
que rerá rigurosamente observada por todos los
pecadores del Uruguay, por muy empedernidos
quesean, principalmente los que viven del
presupuesto.
¿Quién es capaz de promiscuar en los tiem¬
pos que corren?
¡Oradas que podamos comer artículos de
huerta, cuanto más carne y pescado en una
misma comida!
Eustaquio Fklljcer
_
Polémica
-'/1
Vivieron en ios fiempos meé iov fies
dos sabios eminentes,
que con una polémica excitaron
la atención de las gentes.
Al lanzar su opinión dieron mit pruebas
de erudición vastísima
y la tesis propuesta se hizo célebre
por to onginalísima.
Voy el caso á exponer en breves frases.
La cuestión era esta:
«¿Que dicen, al cantarlas codornices?»
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CARAS Y CARETAS
247
Oigamos la respuesta:
a finen-pan-hay! ¡Buen-pan-hay !— uno decía
que en los tribus gritaban,
—¡fines pe-dé! ¡Hacs pe-dé !—decía el otro
que era lo que cantaban.
¿Llegaron á entenderse? [Ni por píen sol
Revolvieron infolios
y aduciendo el pensar de los iitruscos
y romanos y Eolios
con terquedad gascona los dos sabios
siguieron en sus trece.
¡La verdad será una é inmutable,,,,
pero no lo parece!
— fBueii-pan~kay! ¡Baen-pan-hay! ¡ Está bien claro
uno de ellos decía,
— ¡Hués-pe-déí ¡Haés-pe-dé! ¡No hay mas que oirlo! —
el oiro respondía;
V de este modo entrambos sostuvieron
continuas discusiones,
hasta que al fin, según las malas lenguas*
se llamaron ¡melones!
Murieron de dolor los infelices*
y hoy es cosa probada
que, al cantar, las sencillas codornices...*
¡no dicen absolutamente nada!
Carísimo lector: ¿Has conocido mayor desgracia
que llevar el apellidó de una celebridad?
SÍ el apellido se conoce por algo malo..,, del ¡nal el
menos. Pero si es distinguido por algo bueno, enton¬
ces la desdicha es mucho mayor.
En cuanto un conocido te llama en alta voz, diez ó
doce personas se vuelven á inspeccionar tu aspecto;
unos con envidia* otros con admiración. Cuchichean,
preguntan.... hasta que enterados de que no eres
quien pensaban, se sonríen con lástima ó desprecio;
todo lo cual da por resultado que el infeliz, blanco de
tantas observaciones se queda mas corrido que una
T \r a sueríe ^. ene en esos casos caprichos crueles,
te llamas, por ejemplo, Carpincho, lisa y llanamente.
. un apellido modesto, oscuro, sin pretensiones;
vives feliZj, ignorado en este mundo,..* y en el viejo;
pero de pronto hay una quiebra de esas que ocupan La
atención por espacio de un mes* ó un crimen, ó se
es £ a P a a mu Í er de una persona muy estimada con un
ca atiérete muy conocido, Ea noticia corre, los diarios
publican el nombre del criminal, dei predestinado ó
üel amante,.., y ese buen señor se llama Carpincho.
lu, que vivías tranquilo sin que nadie se ocupase
tle tu mdefenstvo individuo, ya no tienes paz ni tran¬
quilidad; no puedes dar tu nombre sin que te miren
de cierta manera ó te sometan ¿ un interrogatorio
por este estilo:
—¡Cómo! ¿Es V. el famoso Carpincho?
—No señor.
—¿Su hermano?
—Tampoco.
—¡Ah! vamos*.** ¿su tio?
—No somos parientes,
—¿No?
— Ni siquiera le conozco.
Durante este diálogo, la expresión del rostro de tu
interlocutor, ha ido pasando por grados desde la mas
glacial á la mas afectuosa*
Le has reivindicado ante aquel individuo*.., pero
hasta que aparezcas como quien eres ante todos los
que componen la sociedad en que vives* ¡cuántas de¬
sazones, cuantas inquietudes tienes que pasar!
- ÍJ c uandq el apellido es notable en las cien¬
cias, en las artes o en la política? Entonces si que no
hay paciencia que baste a aguantar los auhí pro ano
que origina el que un conocido te llame, ó quedes
tu nombre en alguna parte,
— ¡Oh! es el eminente X,**, á quien tengo el ho¬
nor de**.»
—No señor.
—No es menor el gusto.*,* será V* pariente cer¬
cano.
—No nos liga parentesco alguno*
“i Ah!
Este jah! con extráñela es un poema* El cambio de
fisonomía en este caso es inverso ai anterior. Ahora
se pasa de la sonrisa mas afectuosa á la actitud mas
indiferente, mas despreciativa, por lo general, El
haberse puesto en ridículo (según piensa las mas de
las veces el que te ha tomado por otro) no te lo per¬
dona nunca, ¡cuando quien realmente ha estado en
ridiculo has sido tú!
Vo conocí á un italiano, víctima del apellido* hasta
su muerte. Tuvo la desgracia de llamarse Paganini, y
ser contemporáneo del célebre violinista.
Empezaba- á difundirse la fama del artista sin rival,
cuando nuestro Paganini número 2 , concluidos sus
estudios de abogado, y queriendo hacer relaciones
que le pudieran servir en su carrera, entraba en el
gran mundo* ¡No sabía lo que te espera bal
Nadie quería convencerse de que la persona que le
presentaban no era el célebre músico, Todos le pre¬
guntaban cuando llegaba á una casa:
—¿Trae V. ol violin?
Aquello era insufrible. Aburrido de tantas equivo-
caciomes, dio en la idea de expatriarse y gastar en
viajes su modesta fortuna*
Pero en lugar de conseguir su objeto con esta de¬
terminación, aumentaron sus desdichas.
Llegó á París cuando, corriendo ya toda Europa
la fama del violinista, era este esperado de un mo¬
mento á otro.
No daba su nombre en ninguna parte, sin tener
que aguantar una lluvia de abrazos, apretones de ma¬
nos y felicitaciones* Este le invitaba á una soirée, el
otro á un concierto, aquel á un almuerzo; pero todos
le suplicaban que llevase el violin.
Nuestro héroe, desesperado porque en todas las
grandes capitales le suceuia lo mismo, decidió no vi¬
sitarlas y establecerse en una población da poca im¬
portancia*
Escogió una de Suiza, pero ¡que si quieres! no bien
llegó al Hotel, según costumbre, le hicieron apuntar
su nombre en el registro del mismo. A las dos horas,
el único diario que se publicaba en el pueblo puso á
la venta un boletín en donde, bajo un epígrafe en que
se leía en caracteres gigantescos,
¡PAGANINI HA LLEfiADOl
se proponía la Organización de una serenata y un con¬
cierto en honor suyo*
Cuando mas tranquilamente dormía el infeliz h mó-
nimo y descansando de las fatigas del viaje, fué des¬
pertado por el dueño de! hotel que le anunciaba que
la población en masa estaba á la puerta de la casa y
pedia que se asomase al balcón*
En vano fue que diera explicaciones y jurase y per¬
jurase que en su vida había tocado el violin, sino el
viobn algunas veces*
Que quieras que no, el hotelero lo presentó á la
multitud que le victoreaba y que tomó las protestas
del infeliz, que no quería pasar por lo que no era. por
exceso de modestia, 3o cual hizo redoblar las aclama¬
ciones.
Tuvo que huir á media noche, ocultándose como
un criminal* En lodos los pueblos á donde llegaba, le
sucedía lo mismo. ¡Aquello no era vivir!
Por íin, creyó que podría recuperar la tranquilidad,
gracias á una estratagema; se cambió el apellido.
Adoptó el de Asperoní, después de asegurarse bien
de que no había en toda Europa nadie que se hubiese
hecho notable llamándose así.
Gracias á este medio pudo volver á su pais y esta¬
blecerse en Vícenza, donde vivió en paz dos ó tres
meses* Pero la felicidad dura poco en este mundo*
Cuando mas ignorado se creia, una mañana se pre¬
sentó en su casa un caballero preguntando por el
señor Paganini.
Tentaciones sintió nuestro héroe de agarrarle por
la cintura y tirarle por el bnkon.
—Aquí no vive ningún Paganini —contestó, repo¬
niéndose al fin.
— Perdone usted—repuso el otro;—Paganini es
usted, le vengo siguiendo hace seis meses; y como me
precisa terminar un asunto que le interesa á usted
mucho, le suplico que abandone para conmigo el in¬
cógnito.
—qün asunto que me interesa?
—Y mucho.
—¿Qué es ello?
—Entregarle una cantidad procedente do un le¬
gado*
—¡Bahl No será muy grande*
—Doscientas mi! liras.
El falso Asperoni cambió de color.
—Y*.*, ¿es indispensable—preguntó—que recobre
el apellido Paganini para entrar en posesión deesa
cantidad?
—Indispensable de todo punto*
Nuestro hombre reflexionó un momento, y después,
haciendo un gesto como si se hubiese tragado nna
cuarta de vinagre:
—Es inútil—di jo—-yo no me llamo asi
—En ese caso me retiro. Pero le advierto que para
obligarle á confesar la verdad, voy á decir su nombre
á todos los que le conozcan.
—¡Caballero! ¡Salga usted de aquí en el acto, por¬
que no respondo de mí!—gritó ya exasperado.
—Me voy, pero es á advertir que usted se oculta
bajo un nombre supuesto^ sabe Dios por que razones,
¡Ahur!
Y salió á tiempo, pues la víctima de su apellido
había cogido una silla para tirársela á la cabeza.
Aquella noche. Paganini recibió diez cartas, invi¬
tándole para otras tantas reuniones.
Su desesperación llegó al colmo. No pudo dormir.
Al amanecer se fue al campo.
Volvía ya mas tranquilo nacía su casa, cuando oyó
que le gritaban desde la vereda de enfrénte:
—¿Qué tal, insigne Paganini?
A3 volver la cabeza vio al caballero que la víspera
había estado á buscarle. No pudiendo contener su
indignación, se arrojó sobre él y empezó á cachetes,
puntapiés y mordiscos.
Se agolpó la gente, acudió la policía, y atadito co¬
do con codo me lo llevaron á la cárcel,
Al dia siguiente, en el colmo de la desesperación,
decidió poner fui á sus días, á ñu do conseguir la
tranquilidad de alguna manera.
A fuerza de dinero, y bajo pretexto de que tenia
frío, consiguió que Jo proporcionara el carcelero un
brasero, carbón, fósforos y un periódico.
Cuando se vio dueño de estos objetos, tapó her¬
méticamente todas las rendijas y se dispuso a encen¬
der el carbón*
En un pedazo del periódico, que quedó sin que¬
marse, pudo leer antes de morir La noticia siguiente:
«Ayer fue conducido á la cárcel un sujeto que
pretendía hacerse pasar por el célebre violinista Pa¬
ganini.
«Parece que sorprendiendo 3a buena fó de algunas
personas, había conseguido que le invitaran á varías
reuniones, pero al verse descubierto por quien cono¬
cía su verdadero nombre, quiso vengarse, infiriendo á
esta persona algunas heridas que afortunadamente no
son de gravedad.
«¡A cuantas desgracias conduce á veces la ambición
de la celebridad!*
Una noche de Otoño
Por la mañana,
Fuí á comprar un anillo
Para mi hermana,
Y á don Severo
Le brotaron dos granos
En el sombrero.
Yo conozco á una niña
Tan delicada,
Que se come las medias
De su cunada,
Y Paco Trines
Tiene gasiro-enieritis
En los botines.
Cuando acaban los dias
Del mes de Enero,
Todos dicen que empiezan
Los de Febrero,
Porque á una hormiga,
Le sacaron dos vacas
De la barriga.
Por comer un sargento
Catorce balas,
Está enferma mi suegra
De llagas malas,
¡Yo no sabía.
Que la hermana de tata
Fuera mi tial
En el pueblo de Artigas
Hay muchas viejas,
Que se ponen zapatos
En las orejas*
Y sin embargo,
El sombrero de Peña
Me queda largo*
Era tan olvidada
Julia Tapones.
Que salía á pasco
Sin pantalones,
Y es cosa cierta,
Que, en la tierra de ciegos
La reina es tuerta*
Alfredo Varzi
Era listo
En cuestión, fue interrogado
por varios un estudiante,
si él recogería un guante
que le hubiesen arrojado.
© Biblioteca Nacional de España
1 /ÍT\Vo_^UiN üiNSü
GRAN BAILDE TRAJES
zík'ím
£¿ ' '
© Biblioteca Nacional de España
Del astro rey la magentad grandiosa
mi admiración y arrobamiento excita,
at ver como su magna faz radiosa,
del zenit al nadir se precipita.
El valle ameno, la floresta umbría;
de la pálida luna los reflejos,
y de la selva virgen, la poesía,
y el bramar del Atlántico á ¡o lejos.
Todo mí mentey corazón levanta
hacia la azul y portentosa esfera,
y entusiasta el laúd, mil himnos cnnta,
al Supremo Hacedor que en ella impera.
Mas de tanto prodigio y obra rara
que á la Natura á bendecir me obliga,
lo que me gusta mas, amiga Clara;
es que nunca me duela la barriga.
Asontpe
De allí á pocos momentos conversaba D, Fernando
con Sebastian, hombre muy hablador y con quien no
tuvo gran amistad.
—'Usted, ¡usted viene á verme! ¡Pero si á usted no
le be escrito diciéndole que estaba en la cárcel!
—Sí... pero.,.
—Ya, ya caigo. ¿Usted lo ha sabido por referencia
de alguna carta mía dirigida á otra persona?
—'Es claro...
Ya dije que no eran muy amigos. Fernando le co¬
noció una tarde en un café, y continuaron tratándose
con alguna frialdad.
Sebastian le hábil prestado algún dinero, y por es¬
ta razón don Fernando excusaba todas las ocasiones
de encontrarse con su acreedor,
—¡Ahí decía don Fernando; usted es mí amigo, ya
me había dado algunas pruebas, pero esta es conclu¬
yente. ¡Y yo que no me había acordado de usted, cre¬
yendo que me guardaba rencor por lo de la deuda!.,.
—¡Bah!
—Vamos, vamos, añadió D. Fernando; ni yo estoy
preso, ni la justicia tiene nada que ver conmigo. Va¬
mos á Las Pirámides y de sobre mesa le explicaré á
usted este enigma,.».» qué diablo, hablémonos de tú;
eso tu por ízí. Seremos amibos, amigos inseparables,
porque tú ere3 el único hombre que se interesa por
Con aplomo y desenfado
contestó:
— Por vida mía
que en mí necedad seria
solo un guante retejer;
si fuesen dos, puede ser,
porque yo los usaría.
Hablaremos de los pe¬
queños, de los muy queridos
«bebes» que constituyen
nuestra alegría y para quie¬
nes tenemos coqueterías ex¬
quisitas.
Muchas personas dema¬
siado serias y muy maduras
encuentran muy ridícu¬
lo el modo de vestirlos y
sin embargo, ellas mismas
llevan con entusiasmo, ves¬
tidos de muselina blanca ,
muy bufidos, guarnecidos
con cintas largas y con lo
cual vestían á los niños,
¿Para que quejarse luego?
una cosa de-
millonario, y ha dejado su hacienda para m; hermano
y para mí. Era muy avaro y en vida nunca se acordó
de nosotros, pero la ley nos reconoce como únicos
herederos. Mi hermano y yó hemos vivido en la ma¬
yor miseria, y mas que amigos tenemos compañeros
de hambre; ahora, con el olor de la herencia, vendrán
todos á halagarnos y pedirnos protección.
—Ciertamente.
— Y yo no quiero negársela, pero ante todo deseo
cerciorarme de los que son dignos de ella.
—Y ¿como?
— El medio es sencillo, si usted me ayuda,
—Veamos.
—Me finjo preso y escribo una carta i cada uno
de mis amigos, contándoles el caso; los que vengan
i visitarme ? esos son los que efectivamente me
aprecian.
—¿Usted no ha dicho á nadie lo de la herencia?
—A nadie todavía, y el notario y mi hermano me
han prometida silencio absoluto.
Después de estas y otras razones morales unas y
monetarias otras, convenció D. Fernando al Director,
y quedó instalado en una de las habitaciones de éste,
porque la cárcel es de cobre para el cobre, de plata
para la plata y de oro para el oro, tanto para el visi¬
tante como para el morador en ella.
Escribió las cartas con mucho afán, y de cada una
que ponía el sobre, decía: Esta no me da desengaño;
el amigo Fulano es buen amigo; aunque solo sea por
contarme sus penas y por la curiosidad de saber las
mias, vendrás que barajemos nuestras desdichas,»
Pasó el primer día, y en su trascurso á nadie vio
el preso, á no ser al mozo de la fonda que le servia
la comida, y í la perrita Linda que de un lado á otro
saltaba haciendo fiestas á su amo.
—De mañana no pasa; mañana vendrán Pepe, Ra¬
món, Antonio, Pascasio»... Este Pascasio me ofre¬
ció la mitad del premio grande una vez que jugó á la
lotería; por desgracia no le tocó y no tuvo ocasión de
cumplir su promesa.
Las esperanzas del preso no se cumplían; ya hacia
dos semanas que estaba en casa del Director y no
habían acudido los amigos al llamamiento de las car¬
tas.
-—«¡Esto es horrible! ¡Ah! Si esos miserables supie¬
ran que soy rico, cuan pronto harían de su amistad
una ganzúa para abrir mis bolsillos; pero me despre¬
cian porque aún me creen pobre... Mejor que mejor;
viviré solo; seré un misántropo; emplearé el dinero
en mi propia persona., y lo que siento es que tú, pobre
Linda } no tengas exigencias ni grandes necesidades
para satisfacértelas todas. Comprendo a| emperador
que se casó con un caballo; yo me casaría con esta
perra cuadrúpeda por huir de alguna perra bípeda.
En esto apareció un criado, y dijo á D. Fernando
que un caballero preguntaba por él.
—Que pase al momento, exclamó—¡Ahí Este es
mi único amigo. ¡Siempre hay algún alma generosa!
y La moda es
masiado fútil para preocuparse de esos gemidos. Es
necesario que ella cambie; sin eso no tiene razón de
ser.
Nada más bonito que lo que ella manda, ama y gus¬
ta y seria en vano el resistirse.
Hoy, no hay nada mas bonito que los chiquillos con
vestiarios largos.
Hace algunos años, el gran tono era vestir los ni¬
ños y las niñas hasta la rodilla. Hoy, o! gran «chic»
consiste en vestirlos casi hasta debajo de Jos pies.
Existen chiquillos de $ años á lo mas, con el panta¬
lón de hombre resueltamente remangado en tiempo
de lluvia; sobretodo de paño como Sos cocheros in¬
gleses, un poco mas arriba de la rodilla, cuello dere¬
cho can plastrón. Sombrero «¿melón», nada falta pa¬
ra hacernos morir de risa.
En cuanto á
3ás chiquillas,
basta que ca-
bujo represen-
— No.., no creas que yo tengo prisa—anadio Se¬
bastian, temiendo haber cometido alguna torpeza,
—De manera que usted sabia?.,,
—Yo,.,
—De suerte que usted venia á cobrar?,.,
—Cuando tú quieras.., Ahora no,.,
—Ahora si, dijo Fernando bruscamente, ¡Tome
usted, señor acreedor, y dejó tres monedas de oro
sobre la mesa.
—No*»,,sí yo no deseaba..,,
^Ese dinero es de usted; recójalo y haga el favor
de retirarse.
—Pero.... Fernando...,
—Recoja usted ese dinero y déjeme usted solo.
Si no lo hace así, seré yo quien se retire.
Sebastian cogió las monedas de oro, y guardándo¬
selas, dijo por lo bajo .—Está loco.—Y salió del hotel
cuando llegaba el mozo con los primeros platos.
—A ese caballero se le vá á enfriar la tortilla si no
vuelve pronto, dijo el mozo.^
—No vuelve, respondió Fernando.
—Entonces, sobra un cubierto.
—No sobra, ese cubierto es....
—Ya, para algún amigo,
—Precisamente, para mi único amigo,
E! mozo se fuá,
Linda y Fernando almorzaron solos.
! í Mil i R. Torróme
usía mas
Gústame ver en el tranquilo Adriático
la misteriosa góndola sorena;
deslizarse tranquila al son simpático
de la trova, que el alma de amor llena.
© Biblioteca Nacional de España
CAR AS Y CARETAS
251
ta un «¡Camaib muy sencillo y muy fácil de llevar,
sobre todo para vestidos de teatro ó de recibos pues
así se conservan mas y mejor.
Se hace con paño piel de suecía* se guarnece con
astracan negro, cuello con pasamanería negra y plata.
Cuerpo de «camaiU amplio hambreado por una
costura de espalda y por Otra que pase á su alrede¬
dor; tiradores de astracan aprisionando el «camaíl»;
cuello Módicis bordado con astracan.
Gorra drapeada con terciopelo «turguoise», con
E orlas finas montadas sobre una peineta de carey ru¬
lo, plantado en el recogido del cabello, y bridas de
terciopelo «turquohe».
Madame Fgusson
Curioseando
(nocturno)
(Escena que pude ver
por el patio ae mi casa,
y que muchas veces pasa
entre marido y mujer - .)
—¿Dudas de mí?
—¿Dudar? no;
estoy cierta de que miras
á Magdalena y suspiras
cuando me distraigo yo;
y si has llegado a creer
qur me voy á resignar....
. \ te engañas,
i , —Pero, Pilar,
m
\nunca te has de convencer
de que tan solo tú eres!*.,,
—Ha tiempo estoy convencida
de que te pasas la vida
entre el juego y las mujeres.
Tú derrochas un caudal
en diversiones sin cuento,
y yo..*,¡sola en mi aposento
con !a aguja y el dedal!
Tú me engañas á diario
con esos falsos negocios,
y yo entretengo mis ocios
con las cuentas del rosario.
Nunca nos vérnoslos dos
ni de noche ni de dia,
por esto....;no importaría!
pero en aquella,... fpor Dios!
—Mira, Pilar, me impaciento
con tus ridiculas quejas;
di me: ¿por que me motejas
sin causa ni fundamento?
¿Que á tu lado no me vés?
Pues si no estoy á tu lado
es porque esto)! ocupado
con asuntos de interés.
¿Que derrocho en diversiones
un caudal? ¡Eso no es cierto!
por que yo no me divierto
del modo que tú supones.
Y, vamos, voy á probarte
que no soy asi tan malo;
aquí tienes el regato
que ayer prometí comprarte.
Míralo y podras juzgar
si Tu marido te adora,
jbahl ¿te convences ahora
de que no hablo por hablar?
Pero cesa, por favor,
de suspirar de tal modo*
y que se termine todo,
[conque fuera el mal humor!
¿Sigues asi todavía?
jJesús, que niña te pones!
déjate de reflexiones
y ven aquí, esposa mía,
¿No me respondes? Pues bien,
dame un abrazo y un beso,
y si no basta con eso,,..
;yo Lo le daré también!
(El esposo la besó,
después..,, la volvió á besar
sin poderse figurar
que [es observaba yó!)
y pregutará el que lea:
¿que pasó después allí?
jEso.... lector,,., no lo vi!
* j¡ej demonio que lo vea E !
íiM.
MENUDENCIA!
Jffi# / m con algunas vai
W : W*|l impuestas por e
I ,;v’f¿j--: \ 1| — el aue osten
f . 1 \ carátula de nue
P t En el baile del Club
Uruguay llamó la aten-
fe f cion P or original de su
\íí : Uy% traje,además de llamarla,
■ JÍ v como siempre, por su re-
¿Í/Cji ■ f- saltante hermosura, la
y Sq. niña Chichi Castellanos,
jɧpf ¡i nombre con que famílíar-
~ W men ! e se adultera el
mgn §F : y Reproducía e\ traje,—
"í Jr r cotl a lg unas variaciones
g|g|| |# f : - ¿nH'i impuestas por el recato,
■H v / Js ll —el que ostenta en la
■-' ir. :^ rr• \ carátula de nuestro se-
• manarlo la figura de mu-
jer, alegórica del título
Caras y Caretas.
No falló quien dijera que á poderse trasportar la
alegoría viviente al lugar que ocupa la dibujada por
Schtitz, el número de suscritores k Caras y Caretas
seria igual al de habitantes que tiene la República.
Felicitamos á la señorita Castellanos por su feliz
idea y la agradecemos que nos haya tomado por
rtn y pues con ello nos na hecho ínsconsci ente mente
nrta redame como no creimos llegar á obtener de una
tan distinguida propagandista.
—¿Me conoces, Salustíana?
— Ho } che, no caigo en la cuenta.
—Porque no te da la gana.
¡Fui tu amante el año ochental
—¿El año ochenta? ¡Quizás!
¿Y no te acuerdas del mes?
—En Mayo.
—Explícate más
porque en Mayo tuve tres.
«En un estanque próximo á Santa Rosa ha apare¬
cido el cadáver de un vecino de dicho pueblo.
Se creo que esta desgracia se produjo al ir de trán¬
sito por aquel paraje la víctima, á quien se había vis*
to en las primeras horas de la noche en completo
estado de ebriedad.>
Un borracho ahogado en agua!
No se explica que pueda claudicar un hombre de esa
manera *
Indudablemente debió creer que el estanque esta¬
ba lleno de Anís ¡le CarabancheL
Por comer coliflor en cierto guiso
se le ha muerto la suegra k don Narciso,
y por comer repollo en ensalada
se le ha muerto también una cuñada*
Para que el mal no tengas tan a mano,
come solo jamón, que es lo mas sano.
«La comparsa carnavalesca Candomberos al io¡?e > fué
reducida á prisión por trabarse en pelea con la poli¬
cía, en la vía pública*»
La reclusión de ia comparsa no alteró su titulo mas
que en unas letras.
De Candomberos al tope se transformaron en Can¬
domberos k LA TIPA*
Son dos palabras que suenan casi lo mismo, por
mas que no represénten la misma altura.
Picó á Enrique una mosca en la cabeza,
y por probar la fuerza de su brazo
cometió la torpeza
de quererla matar de un martillazo.
Aquella broma le costó una herida
de que tendrá señal toda su vida.
Desde entonces Enrique
si una mosca le pone en un aprieto,
prescinde de! martillo por completo
y deja que le pique.
A La Epoca y á La Union Chica, un efusivo abrazo
por el espacio que dedicaron en su número del lunes
á Caras y Caretas, aunque sepamos que solo la simpatía
que sienten por nuestra publicación, sea lo que haya
podido Inspirarles conceptos tan encomiásticos.
Tiene Tito un falderito
muy bonito,
y la Rita una gatíia
muy bonita
y Juan Sada una cuñada
desgraciada.
Pero os juro que k mí me importa un pito
de los bichos de Sada, Rita y Tito.
¿Qué como hemos encontrado el carnaval de este
año, preguntan ustedes?
Pues muy fiambre.
Salió á la calle
don Homobono
con ropa nueva
dándose tono,
y nadie sabe
donde se ha ido.
Sus hijos dicen
que no ha volvido.
Un individuo apellidado Tenorio ha sido reducido á
prisión, como autor del robo de un breack efectuada
el domingo anterior.
Parodiando á su homónimo del drama de Zorrilla
puede decir ese raspa:
¿No es verdad,
¿No es verdad, breack seductor,
que en las manos que ahora quedas
se mueven mejor tus ruedas
y se camina mejor?
Ayer Pico Pita, el primo de Rita,
nos dio de merienda guisado de pato;
comióse una pata y dijo Torcuato:
—[Me peta ía pata del pato de Pita!
«Con motivo de ía renuncia de un empleado,'va á
ser removido todo el personal de Correos.»
No puedo hablar de osla repartición sin dedicar un
recuerdo á los ejemplares extintos*
¡Séales leve el forro del bolsillo postal!
Zafra con fuego y azufre
con su cifra á un cafre marca.
Por eso dijo Petrarca:
Zafra cifra y cafre sufre.
«La Compañía Nacional tiene embargadas todas Jas
vías.»
De ahí proviene el cólico llamado miserere.
: Q ” ' ■ 1
Polilla— Colonia—Ese tubo que Yd. enjareta, er- ja.
primer redondilla, resulta con be larga un verbo <¡e
lampistería. Métale una mee na empapaba en Ktr>s se¬
ne, póngale encima una pantalla y vera qué a paralo de
de alumbrado mas hermoso se puede hacer con una
simple barbaridad gramatical
Carpíntero catata n—Rocha—Si Tn ao ej a Y d. el os¬
eo pío como la lira, será cosa de ver los muebles que
vd. baga. Por de pronto todos loe que exijan pies Igua¬
les como las mesas, las sillas etc., resultarán rengos-,
como los versos.
p. K. Do- San Eugenio—No se Llame p-K-do & secas;
llámese p-k du-mo-r-tal.
Sabihondo— Montevideo—No se ha hecho la miel
para la boca del as—no algo escribiendo la palabra.
Güero— Montevideo—EL domingo de carnaval vi uno
muy bien enjaezado iberia vdí Los versos, por lo Ore¬
nos, no parecen de persona
Tartbiu— Montevideo—Num he viatú ¿a.más un ra-
paeinu tan bruta para facer versas*
C. S*— Montevideo— Se publicará.
Campanillas^ Montevideo— Muv largo. Si se pu¬
dieran poner anos ríeles sobre el artículo ya seria otra
cosa, porque entonces todo se redada á leerlo s bre un
tren á vapor. ¡Treüita y ocho cuartillas en letra me¬
tida! Parece mentira que la vida de! hombre alcance
para escribir tanto.»,,y tan malo.
R * O.—Montevideo—No ha sacado V. partido dd
asunto. Loque ha hecho V. ee partirle por el eje. ¡Y
cuidado que el tema se prestaba! Esprhna la modera,
hombro, que puedo que tenga algún chiatecülo arrin¬
conado.
Pescado r —Moa tevl d eo.
Aunque me arme netd una gresca
y aunque no le agrade á uató,
me atrevo á decirle qaé
no sabe lo (fue se pesca.
© Biblioteca Nacional de España
5 posos por $u$crlofau
I}esde la princesa altiva
á la que pesca en ruin barca
todo, este libro, lo abarca. '
¿Habrá quien no se suscriba
por el precio que se marca!
Mercsdos (r. g.)¡
Centro para Buacricion |
de diarios,—librería |j
taller de encuadernación,
¡y además papelería.
LiCasl un Larousse en acción
Oficina: 18 de Julio 148
END02AÍAR1BA
25 de Mayo y Treinta y Tras
Mas de mil personas hay
que están en el Uruguay
viviendo como magnates,
con las rifas y remates
de Mendosa Garibay*
Caí le Rincón IZt 1
SARANDf 347
LRUGLA1 0O
CABALA 05
Hace calzado á medida,
á unos precios mu y baratos
y es la casa preferida,
por ser la mejor surtida
en botines y zapatos.
Su martillo ha demostrado
que, de todos los que hay,
es el mas afortunado,
Í >ues con él ha rematado
a mitad del Uruguay.
Para nacer un buen regalo
véte & Síenra sin dudar,
porque Sienra, en su Bazar
nunca tuvo nada malo.
Sí te dice nn bebedor
que en la casa de Orejuela
no existe el vino mejor,
le puedes decir, lector,
que se lo cuente ásu abuela
Zabala 154
Llevd el martillo á Maeso,
en campaña provechosa
y no les digo otra cosa,
porque es bastante con eso
Peluquería
18 de jo lio num. 5
Nadie & pelar le aventaja,
y afeitando es tan artista,
que al íllo de su navaja
no hay pelo que so resista.
QUÉ VERANO!
Va UftfCJffc
Rem atanor
zabala núm, 130 y 130
De su martillo ai influjo
Emprasa de Encomiendas
CEUttlTO 207
La Empresa-que te presento
te ruego, lector, que atiendas,
porque hace las encomiendas
con la rapidez del viento.
todo el Uruguay entero
tiene por poco dinero
¿'asía amueblada con luí
«Mi
Cerro 93 é 101
25 Efe Mayo 370
De las casas mas completas
5 en su género, esta es;
la prueba, lector, la ves,
en las Caras y Caretas ,
Pastelea y confitura
y dulces 'de los mejores
en esta casa, señores,
es todo vida y dulzura
Este calor nos derrite
y claramente se explica
que hasta Febo solicite
helados de Costa-Rica,
■.ti Jf
18 lío Juno núm. 7
Por mas que lo crean guasa
ge tiene como muy cierto,
que los vinca de esta casa
hacen revivir & un muerto.
Treinta y Tres 2 íb
El que ríje La Industrial
ea, como saben, señores,
el Capitán General,
de nuestros rematadores.
tfMWlA
HiWtf
Asunción ( Aguada )
Dentistas Norte-americanos
Me comprometo á probar
que mejor que esta cerveza
no la ha tomado Su Alteza,
el Príncipe de Blsniar.
camaras íes
Gracias á los especiales
estudios de Prince é Hill,
pueden comer mas de mil
con sus dientes naturales
© Biblioteca Nacional de España
*